10 santos nos inspiran al cuidado de la creación

septiembre 15, 2020

Durante siglos, la Iglesia Católica ha considerado el cuidado de la creación como un principio clave de la fe, mucho antes de que el Papa Francisco escribiera la Laudato Si’ y situara esa doctrina católica milenaria en el contexto de la crisis ecológica actual.

Mientras miles de cristianos de todo el mundo viven la celebración ecuménica del Tiempo de la Creación este mes, encontremos una mayor inspiración en estos 10 santos cuya pasión y amor por la creación de Dios aún nos puede motivar a actuar hoy en día.

  1. San Felipe Neri, 1515-1595

San Felipe Neri es conocido por su fundación del Movimiento Oratorio, pero también es recordado y celebrado porque adoptó el vegetarianismo.

Neri se acogió a esta dieta por el bienestar de los animales. Cuando le daban pájaros, los liberaba, y prefería dejar que las moscas escaparan por una ventana en vez de aplastarlas.

Su cuidado se extendió a los animales terrestres también. Neri dejaba que los ratones capturados huyeran a un lugar seguro y a menudo expresaba su simpatía por los animales que eran llevados al matadero.

Día de la festividaa: 26 de mayo

  1. San Agustín, 354-430

Examen sorpresa: ¿La siguiente cita sobre «cosas como ratones y pulgas que son reales pero inconvenientes» es de la Laudato Si’ o de San Agustín?

«Tan fuerte es esta preferencia que, si tuviéramos el poder, las aboliríamos por completo de la naturaleza, ya sea ignorando el lugar que ocupan en ella o, aunque lo sabemos, sacrificándolas a nuestra conveniencia.»

Tales advertencias contra el egocentrismo en relación a la naturaleza muestran una vez más cómo la Iglesia Católica ha sido durante mucho tiempo guardiana de toda la creación de Dios.

Arthur O. Ledoux, profesor de filosofía y catedrático del Estudio y Legado Agustino en el Colegio Merrimack en los Estados Unidos, escribió sobre el profundo amor de San Agustín por la creación en «Un Agustín Verde: Aprendiendo a amar bien a la naturaleza».

«Para Agustín lo ideal sería ver la naturaleza como Dios la ve, sintiendo profundamente tanto su belleza como su impermanencia, amando la naturaleza sin aferrarse a ella», escribió Ledoux.

«Con una visión tan clara vendría el amor y la motivación para una acción constante y eficaz.»

Día de la festividad: 28 de agosto

  1. Santa Hildegarda de Bingen, 1098-1179

Reyes, reinas, obispos y papas buscaron el consejo de Santa Hildegarda. Sin embargo, esta monja benedictina era tal vez la que mejor sabía admirar y apreciar a cada criatura.

A continuación algunas de sus frases más inspiradoras:

  • «La Tierra sostiene a la humanidad. No debe ser dañada; no debe ser destruida».
  • «Cada criatura es un brillante y reluciente espejo de la divinidad.»
  • «La creación es la canción de Dios».
  • «La humanidad está llamada a co-crear, para que podamos cultivar lo terrenal, y así crear lo celestial.»

«En la visión del mundo de Hildegarda, un rayo de luz solar, la fragancia de una flor, o el grácil movimiento de un cisne eran todos participantes del coro sagrado de la creación», escribió Cynthia Overweg en una historia titulada, «Hildegarda de Bingen: La monja que amaba la Tierra».

Día de la festividad: 17 de septiembre

  1. Santa Teresa de Lisieux, 1873-1897

Aunque sólo tenía 24 años cuando murió, Santa Teresita dejó tras de sí un montón de escritos, casi instrucciones, sobre cómo admirar y maravillarse con la creación.

Las siguientes citas son de la Sociedad de la Pequeña Flor, una organización dedicada a difundir la devoción a Santa Teresita.

«A lo lejos en el horizonte podíamos ver las grandes montañas… La visión de estas bellezas causó una profunda impresión en mis pensamientos; sentí que ya empezaba a comprender la grandeza de Dios y las maravillas del cielo.

«La luz del sol que juega en los cedros, juega en cada pequeña flor como si fuera la única que existe; y de la misma manera nuestro Señor tiene un interés especial en cada alma.»

Día de la festividad: 1 de octubre

  1. San Benito, 480-547

San Benito, padre del monacato occidental, ha visto cómo su amor por la creación se ha extendido por todo el mundo desde su muerte hace más de 1.400 años.

Uno de los votos de los benedictinos es «stabilitas», es decir, el concepto de que uno debe establecerse en una comunidad y un lugar y establecer una relación de cuidado y conexión con ese lugar.

El Padre Abad John Klassen, OSB, escribe: «Como monjes benedictinos queremos ser personas que ‘permanezcan en un lugar el tiempo suficiente para que los espíritus puedan influenciarnos’. Al conocer un lugar profundamente… las comunidades monásticas tomarán decisiones sabiendo sus consecuencias».

Día de la festividad: 11 de julio

 

  1. San Francisco de Asís, 1181-1226

¿Por dónde empezar con San Francisco de Asís, el santo patrón de la ecología? Tal vez el Papa Francisco describe de mejor manera su paso por la Tierra lleno del Espíritu:

“Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior». (LS 10)

Día de la festividad: 4 de octubre, último día del Tiempo de la Creación.

San Francisco de Asís, foto por Enrique López-Tamayo Biosca

  1. Santa Kateri Tekakwitha, 1656-1679

Santa Kateri Tekakwitha tenía 20 años cuando fue bautizada, sin embargo su vida ilumina el camino para todos aquellos que buscan vivir en mayor comunión con la creación.

En julio de 1677, Tekakwitha estaba siendo tratada como una marginada en su comunidad y recibía amenazas debido a su fe. Así que viajó durante dos meses y más de 200 millas de bosques y ríos a la misión católica de San Francisco Javier en Sault Saint-Louis en Canadá.

Allí, Tekakwitha vivió con otros indígenas católicos y continuó dedicando su vida a Dios. Su legado es honrado hoy en día por muchas organizaciones, incluyendo el Centro de Conservación Saint Kateri, que ayuda a las organizaciones y a las familias a convertir sus parcelas de tierra o patios en hábitats saludables que honran la vida de la santa patrona de los pueblos nativos americanos y de las Primeras Naciones, la ecología y el medio ambiente.

Más información: El Centro St. Kateri celebra Laudato Si’

Día de la festividad: 14 de julio

Hábitats de San Kateri honran la creación. Foto del diácono Paul Kipfstuhl.

  1. San Kevin de Glendalough, 498 (presumiblemente) -618

“Es un retorno a la simplicidad que nos permite detenernos a valorar lo pequeño, agradecer las posibilidades que ofrece la vida…” (LS 222)

San Kevin era un modelo de simplicidad. Vivía en una cueva a unos 30 pies sobre el agua, según el Centro Ermitaño de Glendalough. Comía poco y dormía sobre piedras.

También se hizo amigo de todas las criaturas, como lo haría San Francisco de Asís 700 años después.

Día de la festividad: 3 de julio

  1. San Juan Pablo II, 1920-2005

San Juan Pablo II impulsó a los católicos a cuidar la creación y a someterse a una «conversión ecológica» a lo largo de sus 27 años de papado. Para él, era algo personal. A menudo se dedicaba a la creación, al senderismo y al esquí en su Polonia natal y en otros lugares.

Hablando en 2001, dijo: «Si escudriñamos las regiones de nuestro planeta, vemos inmediatamente que la humanidad ha decepcionado las expectativas de Dios. El hombre, especialmente en nuestra época, ha devastado sin vacilación las llanuras y valles boscosos, contaminado las aguas, desfigurado el hábitat de la tierra, hecho el aire irrespirable…

Por lo tanto, debemos alentar y apoyar la ‘conversión ecológica’ que en las últimas décadas ha hecho a la humanidad más sensible a la catástrofe a la que se ha dirigido».

Día de la festividad: 22 de octubre

 

 

  1. San Juan de la Cruz, 1542-1591

Tan significativas fueron la vida, acciones y escritos de San Juan de la Cruz que el Papa Francisco dedicó una sección de Laudato Si’ a este español:

«Si le admira la grandeza de una montaña, no puede separar eso de Dios, y percibe que esa admiración interior que él vive debe depositarse en el Señor: «Las montañas tienen alturas, son abundantes, anchas, y hermosas, o graciosas, floridas y olorosas. Estas montañas es mi Amado para mí. Los valles solitarios son quietos, amenos, frescos, umbrosos, de dulces aguas llenos, y en la variedad de sus arboledas y en el suave canto de aves hacen gran recreación y deleite al sentido, dan refrigerio y descanso en su soledad y silencio. Estos valles es mi Amado para mí»».