Un mensaje de esperanza durante la pandemia del coronavirus

abril 2, 2020

Fr. Benedict Ayodi OFMCap escribe que este es el momento de intensificar nuestras oraciones

Por Fr. Benedict Ayodi OFMCap

Queridos hermanos y hermanas, ¡Dios es bueno!

Recientemente recibimos una carta de nuestro Ministro General pidiendo oraciones por algunos de nuestros frailes que han contraído el mortal coronavirus. Fue entonces cuando la realidad de la pandemia COVID-19 llegó a casa, cuando supe que mis seres queridos habían sido afectados directamente.

De hecho, nadie puede sostener que el impacto del coronavirus es algo que ya hemos experimentado antes. Un enemigo invisible, mortal, e inconsciente de fronteras. El mundo está experimentando una pandemia que es ajena a muchas de las cosas que los humanos apreciamos: la familia, la cultura, la economía, las fronteras y los sistemas políticos.

En pocas semanas, a pesar de todos los esfuerzos, el coronavirus ha sitiado el mundo entero. Nos vemos confrontados una vez más con la fragilidad de nuestras vidas, y una vez más se nos recuerda nuestra humanidad común y que somos todos criaturas bajo un solo Dios (San Francisco de Asís), lo que el Papa Francisco llama en Laudato Si’, ecología integral. Así, estamos interrelacionados, interconectados e interdependientes.

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Lo que sucede en América se siente en África, lo que sucede en Asia se siente en Europa, y así sucesivamente. Esto nos indica que todas las personas de este mundo son nuestros hermanos y hermanas, que todos somos una familia delante de Dios.

Lo que le ocurra a algunos de nosotros tendrá en última instancia impacto en todos nosotros. Nuestro mundo actual necesita desesperadamente la intervención de Dios y una solución integral que abarque a toda la creación.

De hecho, debemos hacer un examen de conciencia, volver a Dios y aferrarnos a los demás con amor. Lo que todos nos preguntamos es «¿Por qué nosotros? ¿Por qué ahora? ¿Dónde está Dios?».

¿Cuál es el camino mejor y más seguro hacia el amor, la paz, la felicidad y la vida abundante? El profeta Oseas abordó esta pregunta con su comunidad religiosa, el pueblo de Israel. El pueblo de Oseas vivió en una época de ansiedad económica y de miedo entre naciones.

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Se sintieron tentados a poner su seguridad en sus bienes y en sus alianzas políticas con otras naciones en lugar de ponerla en Dios. Oseas exhortaba a su pueblo a volver a Dios para recibir el perdón, la curación y la restauración.

Les recordó que Dios «sanaría su infidelidad y los amaría generosamente» (Oseas 14, 4). Los caminos de Dios son correctos y su sabiduría trae fuerza y bendición a los que le obedecen.

En el Evangelio, a pesar de todos los sufrimientos y dificultades, debemos siempre correr hacia Dios, porque él es amor.

¿Qué es lo que Dios nos pide? Simplemente que amemos como Dios ama! Dios es amor, y todo lo que hace nuestro Creador fluye de su amor por nosotros (1 Juan 4, 7-21). El amor de Dios es lo primero y el amor al prójimo se basa firmemente en el amor a Dios. (Marcos 12, 30-31). La fe en Dios y la esperanza en las promesas de Dios nos fortalecen en el amor a Dios y el servicio a nuestro prójimo.

Dios no nos abandona; Dios va con nosotros, incluso ahora en este tiempo de pruebas y dificultades. En este momento es importante para nosotros anclar nuestros corazones en la esperanza que tenemos en Jesucristo. Es hora de intensificar nuestras oraciones y sacrificios por amor a Dios y por amor a nuestro prójimo.

Jesús experimentó la medida completa del sufrimiento humano. El Señor sufrió y murió por nosotros y por nuestra salvación, y, sin importar lo que nos suceda, ya sean enfermedades o tribulaciones, nuestra esperanza en el amor de Jesús no nos defraudará.

Descubriremos la gracia de unir nuestros sufrimientos a los de Jesús, y a medida que lo hagamos, nos daremos cuenta en cierta medida de la profundidad y la belleza del amor de Dios por nosotros.

El crecimiento en la santidad no se produce sólo cuando los tiempos son relativamente tranquilos y pacíficos; a menudo, crecemos a semejanza de Dios cuando somos llamados a amar de manera extraordinaria, como sin duda estamos siendo llamados a hacerlo en estos días.

Como seguidores de Cristo y miembros de una comunidad, el cuerpo de Cristo, para mantener nuestra salud espiritual en medio de esta crisis, debemos seguir amando y perseverando en nuestra vida de oración para alimentar nuestra fe y mantener la esperanza.

Dediquemos un tiempo a la oración personal. Es importante que abramos nuestro corazón en oración y súplica.

Unidos a nuestro Santo Padre el Papa Francisco, oremos solidariamente por nuestros hermanos y hermanas que están enfermos aquí y en todo el mundo. Recemos por aquellos que actualmente luchan contra el virus, los que viven con miedo y ansiedad, los que están aislados, los que sufren y los que han fallecido.

Al mismo tiempo que rezamos por nuestras familias y nuestros seres queridos, recemos con fervor por los investigadores y los proveedores de servicios de salud, así como por aquellos que deben tomar decisiones públicas difíciles en esta época de crisis.

No olvidemos a los pobres, los necesitados y los vulnerables, especialmente aquellos que no tienen acceso a una atención sanitaria adecuada. Cuando confiamos nuestras necesidades al Señor en una oración sincera y de corazón, crecemos en nuestra confianza en el amor providente de Dios.

Ayodi se desempeña como Coordinador de Campañas para África del Movimiento Católico Mundial por el Clima.