DOMINGO DE RESURRECCIÓN

abril 3, 2021

San Juan 20,1-9
Contemplar la nueva Creación, la que el Resucitado ha inaugurado.

 

¡Cuántas veces hemos admirado a la pequeña y sencilla flor nacida entre el asfalto!; admirándola intuimos esa potencia de vida que se abre paso en condiciones fuera de nuestra lógica. Y está ahí, diciéndonos que es más fuerte el llamado a la vida que lo que la circunda; que es posible florecer aun cuando no sea el lugar propicio; que actúa en ella una fuerza creadora que todo lo hace posible. Desde la enseñanza de esta vida que florece podemos valorar el llamado a la existencia presente en cada criatura, incluyendo al ser humano, sean las circunstancias que sean, siempre es posible expandir ese exceso de vida, con la que hemos sido creados y que Cristo Resucitado ha recreado y está llevando a la plenitud final (1 Co 15,28). En la nueva creación, en la que el Resucitado nos ha introducido, queremos detenernos en esta reflexión.

«El primer día de la semana» nos dice Juan, Jesús resucitó (cf. Jn 20,1). También los restantes evangelistas ubican en este día la Resurrección del Señor (Mt 28, 1; Mc 16, 1-2; Lc 24, 1). Para la mentalidad judía el primer día de la semana estaba relacionado con el comienzo de la Creación. En este contexto, las primeras comunidades cristianas entendieron que la Resurrección de Jesús, en el primer día, señalaba el inicio de una nueva creación, el paso de un mundo viejo a un mundo nuevo. De ahí en adelante, el Día del Señor, ya no estaría referido al sábado, al séptimo en referencia al descanso de Dios, sino al domingo, «día de la victoria definitiva del Creador y de su creación» (Benedicto XVI). La Iglesia proclama que el Resucitado es origen y meta de todo lo creado, y desde esta convicción considera que «las criaturas de este mundo ya no se nos presentan como una realidad meramente natural, porque el Resucitado las envuelve misteriosamente y las orienta a un destino de plenitud» (LS 100).

El EcoEvangelio de esta semana, primera de Pascua, es un llamado a contemplar esta nueva Creación, la que el Resucitado ha inaugurado y que junto a la humanidad entera está conduciendo a la eternidad. Que la vida nueva del Resucitado nos ilumine interiormente para que podamos ver más allá de lo que nuestros ojos alcanzan a conocer. Que podamos comprender que «Cristo ha asumido en sí este mundo material y ahora, resucitado, habita en lo íntimo de cada ser, rodeándolo con su cariño y penetrándolo con su luz» (LS 221). Desde la fe alabemos a Dios por todas las criaturas, comprometiéndonos a custodiarlas con cariño y agradecimiento.

Autora: Gladys De la Cruz Castañón HCJC
Hermana Catequista de Jesús Crucificado.
Licenciada en Catequética y candidata al Doctorado en Catequética por la Universidad Pontificia Salesiana de Roma.
Forma parte de la Delegación Diocesana de Catequesis en Santiago de Compostela, España.
Voluntaria en el Movimiento Católico Mundial por el Clima.

Autora: Gladys De la Cruz Castañón HCJC
Hermana Catequista de Jesús Crucificado.
Licenciada en Catequética y candidata al Doctorado en Catequética por la Universidad Pontificia Salesiana de Roma.
Forma parte de la Delegación Diocesana de Catequesis en Santiago de Compostela, España.
Voluntaria en el Movimiento Católico Mundial por el Clima.