The foolishness of anti-globalism, by Leonardo Boff

December 18, 2018

An anti-globalist wave is breaking out around the world. This is perhaps one of the most regressive and absurd things in the world today. There was certain anti-globalism, fruit of the protectionism of several countries, but it was not a threat to the general and irreversible  process of globalization. That wave was adopted for his political platform by Donald J.Trump who, according to Economics Nobel laureate Paul Krugman, is one of most stupid Presidents in North-American history. The same can be said of our recently elected President, the former captain Bolsonaro and his secretaries of State and of Education, deniers of this phenomenon, that only prejudiced and uninformed persons cannot see.

Why is this such a senseless blunder? Because it contravenes the logic of an uncontrollable historical process. We have reached a new phase in the history of the Earth and Humanity. So let’s see: thousands of years ago, human beings, who arose in Africa, (all of us are Africans) began to disperse throughout the vast world, beginning with Eurasia and ending in Oceania. By the end of superior paleolithic, some forty thousand years ago, human beings already occupied the whole planet, with about one million people.

Since the XVI century the return of the diaspora began. In 1521 Fernando de Magallanes accomplished the first journey around the planet, proving that the Earth is round.  Any place can be reached from any where else. The European colonialist project Westernized the whole world. Great networks, especially commercial, connected everything. This process started in the XVII century and continued through the XIX century when European imperialism, with sword and musket, subjected the whole world to its interests. We, of the Far West, were born already globalized. The movement grew in the XX century, after World War II. At present, it was realized when Internet social networks, at the speed of light, connected everyone, and the economy took this process into account, especially through the “great transformation”  (K. Polanyi), the transition from a market economy to a market society. Everything, including even the most sacred of truths and religions, was reduced to merchandise. Karl Marx in his book, The Misery of Philosophy (1847) called this “the general corruption” and “universal venality”.

Globalization, which the French prefer to call, with good reason, planetization, is an undeniable historical fact. We all find ourselves in the same place: planet Earth. We are in the tyrannosaur phase of globalization, that is being formed under the sign of the worldwide integrated economy, as voracious as the largest of the dinos, the tyrannosaur, for being profoundly inhumane regarding the poverty it causes and the absurd accumulation it allows.

We have already entered the human-social phase of globalization, due to some factors that have become universal, such the UN, OMC, FAO, and others, human rights, the democratic spirit, the awareness of a common destiny as Earth-Humanity, and of being homo sapiens sapiens and demens, a single species.

We already sense the dawn of the echozoic-spiritual phase of globalization. The integral ecology and life in its diversity, and not the economy, will be central. The reverence before all of creation and the new appreciation for the Earth, seen as Mother and a living super Organism that we must care for and love, are profoundly spiritual values. The idea is growing that we are the portion of the living Earth that with a high degree of complexity started to feel, to think, love and to venerate. Earth and Humanity form a single entity, as the astronauts have well testified from their space ships.

The moment has come, as paleontologist and scientist Pierre Teilhard de Chardin prophesied in 1933, when “the age of nations has passed. If we do not want to die, it is time to shake off old prejudices and build the Earth”. She is our unique Common Home, the only one we have, as Pope Francis emphasized in his encyclical letter On the Caring for the Common Home. (2015).   We do not have any other.

We are hearing strange prejudices from future power holders and secretaries, claiming that globalization is a communist plot to dominate the world. They are those who, according to Chardin, do not take the time to build the Common Home, but who become prisoners of their petty minded small world, their tiny brains lacking of light.

If they cannot see the new shining star, the problem is not with the star, but with their blind eyes.

 

Leonardo Boff
12-10-2018

 

Free translation from the Spanish sent by

Melina Alfaro, [email protected].

Done at REFUGIO DEL RIO GRANDE, Texas, EE.UU.

 

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La tontería del antiglobalismo

Leonardo Boff
Se está produciendo en todo el mundo una ola anti-globalista. Tal vez pocas cosas sean más regresivas y disparatadas en el mundo actual que ésta. Había un cierto anti-globalismo, fruto del proteccionismo de varios países, pero que no amenazaba el proceso general e irreversible de la globalización. Esa ola fue asumida como plataforma política por Donald Trump que, según el premio Nobel en economía Paul Krugman, sería uno de los presidentes más tontos de la historia norteamericana. Lo mismo sirve para nuestro recién electo presidente, el ex capitán Bolsonaro y sus Ministros de Educación y de Relaciones Exteriores, negacionistas de este fenómeno que sólo personas desinformadas y con prejuicios no perciben.

 

¿Por qué se trata de un disparate de los más insensatos? Porque va directamente contra la lógica del proceso histórico irrefrenable. Hemos alcanzado un nuevo estadio en la historia de la Tierra y de la Humanidad. Si no, veamos: hace miles de años, los seres humanos, surgidos en África (todos somos africanos), empezaron a dispersarse por el vasto mundo, comenzando por Eurasia y terminando en Oceanía. Al final del paleolítico superior, hace cuarenta mil años, ya ocupaban todo el planeta con cerca de un millón de personas.

 

Desde el siglo XVI comenzó la vuelta de la diáspora. En 1521 Fernando de Magallanes realizó el periplo del planeta, comprobando que es redondo. Cada lugar puede ser alcanzado desde cualquier lugar. El proyecto colonialista europeo occidentalizó el mundo. Grandes redes, especialmente comerciales, conectaron a todos con todos. Este proceso se prolongó desde siglo XVII al XIX cuando el imperialismo europeo, a hierro y fuego, sometió el mundo entero a sus intereses. Nosotros, los del Extremo-Occidente nacimos ya globalizados. Este movimiento se reforzó en el siglo XX, después de la segunda guerra mundial. En los días actuales, lo hizo cuando las redes sociales avecindaron a todos a la velocidad de la luz, y la economía tomó en cuenta el proceso, especialmente a través de la “gran transformación” (K. Polanyi) que significó el paso de una economía de mercado a una sociedad de mercado. Todo y todo hasta lo más sagrado de la verdad y de la religión se convirtió en mercancía. Karl Marx en la Miseria de la Filosofía (1847) llamó a esto “la corrupción general” y la “venalidad universal”.

La globalización que los franceses prefieren llamar, con mayor razón, planetización, es un hecho histórico innegable. Todos nos estamos encontrando en un mismo lugar: en el planeta Tierra. Estamos en la fase tiranosáurica de la globalización, que viene siendo hecha bajo el signo de la economía mundialmente integrada, voraz como el mayor de los dinos, el tiranosaurio, por ser profundamente inhumana por la pobreza que causa y por la acumulación absurda que permite.

Ya hemos entrado en la fase humano-social de la globalización por algunos factores que se han vuelto universales, como la ONU, la OMC, la FAO y otros, los derechos humanos, el espíritu democrático, la percepción de un destino común Tierra-Humanidad y el ser el homo sapiens sapiens y demens una única especie.

Notamos ya los albores de la fase ecozoico-espiritual de la globalización. La ecología integral y la vida en su diversidad, y no la economía, tendrán la centralidad, la reverencia ante todo lo creado y el nuevo acuerdo con la Tierra, vista como Madre y como un super Organismo vivo que debemos cuidar y amar, valores profundamente espirituales. Crece la noción de que somos aquella porción de la Tierra viva que con un alto grado de complejidad comenzó a sentir, a pensar, a amar y a venerar. Tierra y Humanidad formamos una única entidad, como bien testificaron los astronautas desde sus naves espaciales.

Ha llegado el momento, como profetizaba el paleontólogo y científico Pierre Teilhard de Chardin ya en 1933, en que “la edad de las naciones ha pasado. Si no queremos morir es la hora de sacudir viejos prejuicios y construir la Tierra”. Ella es nuestra única Casa Común, la única que tenemos, como enfatizó el Papa Francisco en su encíclica Sobre el cuidado de la Casa Común. (2015). No tenemos otra.

Estamos oyendo prejuicios extraños a los futuros gobernantes y ministros en el sentido de que la globalización es una trama de los comunistas para dominar el mundo. Son los que, según Chardin, no se ocupan de construir la Casa Común, sino que se vuelven rehenes de su pequeño y mezquino mundo, del tamaño de sus cabezas parcas de luz.

Si no consiguen ver la nueva estrella que ha irrumpido, el problema no es de la estrella sino de sus ojos ciegos.

 

 

Leonardo Boff

12-10-2018